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17 de abril de 2012

Vivencias en la Mañana de Viernes Santo

Casi al final de la calle Llana está la casa de mi tita Encarnita, visita obligada para mí cada mañana del Viernes Santo. Allí está el Cuartel de la Hermandad de la Virtudes, Hermandad a la que yo le tengo un cariño muy especial. Seguro que si hubiese conocido a mi abuelo José Flores Díos, hoy sería, aparte de judío, de su Hermandad.
José Flores Díos

 Mi padre me cuenta que ninguno de sus hijos varones quizo seguir su pasos semanasanteros y creo que es hacia la década de los ochenta donde el hijo mayor de mi tía Encarnita, Antonio Javier, decido integrarse en la misma haciéndolo también mi hermano Agustín que por cuestiones laborales lo tuvo que dejar. Y precisamente en estos años, con la participación activa de la mujer, comienzan a unirse las hermanas de Antonio; Lourdes, Mari Pepa y Encarnita y es tal la pasión y cariño que así se la ha trasmitido a sus hijos e hijas incluso al marido de Lourdes, Manolo Espejo. 

Mañana del Viernes Santo 2012
El trasiego de familia y amigos, de reencuentros y emociones compartidas que se vive en esa casa en la mañana del Viernes Santo es algo que no sé describir con palabras y más aún cuando Jesús Nazareno pasa por delante de la casa.
Haber sido pregonero este año de la Exaltación al Judío me hizo pensar de por qué lo soy; y quise ir más allá, a mis orígenes semanasanteros, de ahí que el Pregón se lo dedicara a mi abuelo, Cuadrillero de la Hermandad de las Virtudes durante muchos años.  Aún recuerdo y de vez en cuando las releo, las palabras de mi prima Lourdes, pregonera de la Semana Santa de Baena en 2009 que le dedicó a su Hermandad.

J. Carlos Flores

12 de abril de 2012

A la Memoria de Juan Antonio Segura Vives

Un emotivo artículo nos deja Eduardo Molina Segura y que nos sirve para engrosar la historia de nuestra querida Cuadrilla.. A bien seguro que lleva el 7 en lo más profundo de su ser.

A la memoria de D. Juan Antonio Segura Vives.

Hace ya tiempo que nos dejaste, dejando un gran hueco en nuestra familia y en tu cuadrilla, el cual nunca podrá ser suplido por nadie, puesto que tu carisma y forma de ser, luchador como nadie en inculcarnos ese amor que sentimos al portar ese número siete que llevamos en nuestra chaqueta todas las Semanas Santas y durante el resto del año en nuestro corazón.

Parece que fuera ayer cuando nos llevabas hechos unos pequeños esbozos de judíos cogidos a tu bastón y tú nos regalabas una sonrisa sintiéndote orgulloso de tus pequeños judíos. Pero no siempre ha sido fácil. Aún recuerdo en mi niñez cuando contabas aquellas historias de cuando ibas con la bandera en una mano y el bastón en la otra y tan solo con alguno de tus hijos, y la abuela arreglaba unas colillas de bacalo y unas magdalenas para los judíos. Siempre te apoyaste en tus hijos al igual que en tu viejo bastón heredado de otras generaciones.

 Pero bien, no es este el motivo de esta breve carta que quiero dedicarte. El pasado Jueves Santo tu mujer Asunción Bernal Seco visito nuestro actual cuartel y al entrar, su cansada mirada parecía trasportarse a otra época al volver a vivir esos momentos que tu nos enseñaste a vivir. Y es que al ver a su hijo Paco de cuadrillero del 7 como en antaño lo fuiste tú le embargo la emoción y recordar todo lo pasado en otros momentos.
Y  allí estábamos, como todos los años, tu hijo José Maria, Paco, tus nietos, un bisnieto  y tu amada mujer en medio de nosotros y del resto de los judíos del siete, a los que les causo alegría y emoción ver aquella imagen.
Decidí entonces inmortalizar el momento, para desde aquí volver a decirte que no te olvidamos y que ojalá algún día yo pueda llevar tu bastón,  porque desde la primera vez que me vestí de judío y me llevaste cogido a tu bastón me prometí que  yo lo llevaría para que desde donde quieras que estés te sientas orgulloso de nosotros por haber seguido con esta nuestra tradición.

Y ya para despedirme dar las gracias a todas esos judíos que siguen manteniendo viva la llama del 7. Por último, ya que me invade a mi  la emoción, solo decirte gracias abuelo nunca te olvidaremos.

¡VIVA EL 7 ¡

FDO. EDUARDO MOLINA SEGURA.

14 de marzo de 2012

CRONICA DE LA XI EXALTACION DEL JUDIO

El artículo que a continuación os dejo (y que me he permitido copiar y pegar, va firmado por Manolo Espejo, marido de mi prima Lourdes Tamajón Flores y ha sido publicado en el blog de la Hermandad de las Virtudes, Hermandad a la que le tengo un cariño muy especial. Muchas gracias.


UN JUDIO QUE NOS SORPRENDIÓ
Juan Carlos Flores Cantero nos ha dado una autentica lección de humanidad, de solidaridad, de amistad y de lo que es ser un buen cofrade comprometido con la sociedad, quien nos sorprendió en la “XI Exaltación del Judío”, no solo por la puesta en escena, que sin duda fue extraordinaria y cargada de emotividad, sino por el contenido de su pregón, lleno de los verdaderos valores que el Evangelio y la figura de Jesucristo solicita de cada uno de nosotros.
Mahuesin, en una breve semblanza, resaltó los valores que este judío de la 7ª cuadrilla de la cola negra sin duda lleva muy dentro.
Sí, unos valores inculcados desde el seno de la familia y mencionó de forma muy especial, a sus padres Rafael y María Auxiliadora y excepcionalmente a su tía Carmela. Nos comenta Mahuesin, sobre esas cartas que en más de una ocasión ha recibido de Rafael Flores. No son cartas vacías, sino cartas con mensaje. Cartas llenas de contenido religioso, que por supuesto, han marcado la formación de esta familia Cristiana y sin lugar a dudas, el sentimiento y el amor por las tradiciones.
Nos dice de Juan Carlos: lleva una Cruz roja en el corazón y la solidaridad y el pragmatismo, son sus principales características, que le hacen ser una persona especial. Una persona, no de esas de grandes discursos, el es como es, sencillo, lo que en Baena diríamos “A la pata la llana”.
Su uniforme es su segunda piel. La Cruz la lleva dentro, haciendo mención a su sentido religioso, que se manifiesta en Juan Carlos, cuando sale vestido de judío.
“Por sus frutos los conoceréis” y en efecto, aquí están sus frutos literarios, que gratamente han sorprendido al pueblo de Baena y en el que nuestro reconocimiento se ha manifestado, con esa gran ovación para este pregón hecho con el corazón.
Lo ha comenzado, dedicándoselo a su abuelo José Flores Dios al que no conoció, pero que sabe que desde algún lugar del cielo, está ahí, viéndole, guiando seguramente sus pasos, sus pasos de hombre bueno y comprometido con la sociedad. También se lo ha dedicado a su hijo Carlos, que le está escuchando y a quien, por supuesto, está inculcándole nuestras tradiciones semanasanteras y también, como no, su amor al prójimo. Está claro que con su ejemplo y con su forma de ser, siempre dispuesto para los demás.
Aquí, están también sus amigos, hoy ha llamado a un montón de ellos y se han volcado con él. Nos han traído al escenario del “Teatro Liceo de Baena” una pequeña representación de nuestra singular Semana Santa.
La turba de judíos en el escenario, nos ha hecho vibrar y los corazones han saltado de alegría con estos sonidos de plata que confortan a cuantos amamos nuestra Semana Santa.
¡Que bonito recrear en el escenario, todos esos desvelos que la figura del judío acarrea hasta que la vemos desfilar en la calle¡ porque ese es su sitio “La calle” 
Está claro, que todos cuantos te acompañan en este día y a toda esa gente que has movilizado, son amigos, amigos cofrades de verdad.
Has sembrado esa semilla maravillosa que es la amistad en los demás y hoy recoges sus frutos. Ya lo dices en tu pregón ¡Soy judío por mis amigos! Porque el judío, como tu bien dices, nace, pero también se hace.
Ha sido magnifico ese testimonio en defensa del judío, cuando comentas:
“Es el más disciplinado”
Muchas horas de desvelos para que todo este a punto y sus cinco sentidos puestos en sus arreos y en esta figura que sin duda es emblemática de nuestra “Baena”.
Nos hablas de ese estruendo de sonidos, que en el tambor representa el tumulto en aquellos tiempos de Jesús y está claro, que un miércoles santo en nuestro pueblo, sin este sonido, no sería el nuestro, sería otro, pero no el “Pueblo de Baena”.
Y ahora en tu pregón, otro alegato más hacia la mujer, donde por suerte, ya ha dejado de estar en la sombra, ahora la mujer que se siente judío, es judío de verdad y ahí, en la turba, también tiene su sitio.
De pronto irrumpen de nuevo los judíos en el teatro. Bajan por sendas escaleras hasta situarse en el escenario.
Seguimos escuchando la voz de Juan Carlos, llenándonos de sentimientos, trasladándonos a momentos que todos conocemos y hablándonos de personas que están en el recuerdo. Elogia la figura del judío, su porte elegante y puntualiza, ¡Es el único que esta uniformado desde que sale hasta que se marcha!
“Judío eres embajador de Baena”
Todos escuchamos tu mensaje. Te ha salido desde lo más profundo del pecho y nuestros corazones han comenzado a latir con más fuerza.
Sigues enalteciendo la figura del judío y rompes esa rivalidad establecida con tu mensaje. Coliblancos y Colinegros comunicándose con sus tambores, contagiándonos la alegría o la tristeza en estos momentos de la Pasión de Cristo.
Un toque sorprendente de cornetas nos pone en alerta, cuando de pronto escuchamos a la Centuria Romanala Imagen de Jesús Nazareno aparece en el escenario. Jesús esta en el Patio del Convento y se oye el toque de la Centuria con el himno que todos conocemos y que identificamos perfectamente. Al instante, el aire se rompe, se paraliza con las notas desgarradas de una saeta que a todos nos pone el vello de punta y luego el redoble que antecede a las imágenes.
Se suceden las emociones una tras otra y se asoman las lagrimas de los baenenses que estamos aquí contigo, acompañándote en este domingo magnifico y lleno de luz, aunque tú, no sé como lo has hecho, pero nos has sumergido en la mañana de Viernes Santo.
Vuelven a irrumpir los judíos de la turba en el escenario y nos recreas el paso del evangelista, mientras dejas que se cuele la noche y se vista de luto con sus roncos tambores.
Y vuelve otra vez el mensaje del Evangelio, colándose en el corazón y en las entrañas.
¡Tuve hambre y me diste de comer!
¡Estuve desnudo y me vestiste!
¡Estuve en la cárcel y viniste a visitarme!
El corazón, estos corazones que laten con los sonidos de los tambores de Baena, de nuestro pueblo, se abren por completo a tus palabras, a tu mensaje.
Y nos abres las puertas de la miseria, del sufrimiento, de la soledad, para que palpemos esa realidad que nos pones de manifiesto ante nuestros ojos y lo haces para que no nos preguntemos tanto ¿Qué puedo hacer yo? Y nos dices, pásate por tu parroquia y entérate de todo cuanto puedes hacer por los demás, si quieres, puedes, ó pásate por cualquier “O.N.G.” y tendrás las respuestas a tus propias preguntas y a tus interrogantes.
Creo que a todos nos ha llegado tu mensaje y tu ejemplo de vida y de entrega a los demás y nuestras mente, cada una por separado, ha comenzado a cuestionarse cuál es el compromiso que los que nos llamamos y sentimos cristianos, aportamos a la sociedad.
De pronto han sido las campanas de gloria redoblando en ese Domingo de Resurrección las que, al menos a mí, personalmente, me han trasladado de forma adelantada, a ese domingo lleno de alegría y de gozo, que al igual que hoy, nos deja ese vacío inmenso cuando hemos de emprender nuestra marcha hacia la capital y abandonar nuestro pueblo, sus gentes, su singularidad, sus aromas, sus colores, su cariño, nuestros recuerdos, pero la pena que se nos atraviesa con el adiós, se compensa con todos y cada uno de estos momentos que hemos compartido y que vamos degustando lentamente en la carretera, mientras nuestros ojos se inundan del verde y blanco de nuestra querida Andalucía.
Gracias Juan Carlos, por este regalo que nos has hecho tan hermoso.
Gracias por acercarnos a Jesucristo, a quien tenemos tan cerca y a quien la gran mayoría de las veces no sabemos encontrar.

Manuel Espejo Jurado
Madrid 12/3/2.012

7 de febrero de 2011

Recuerdos de José Cortés de los Ríos

Como preludio a la Cuaresma que llega, José Cortés de los Ríos comparte en esta ocasión con todos nosotros un emotivo artículo donde nos narra sus vivencias junto con sus amigos.
Recordaros que si queréis compartir con nosotros fotos, vídeos, textos, etc, no teníes nada más que enviarnolos a colinegros@gmail.com .

Ya tenemos la cuaresma detrás de la esquina, llamando a la puerta de nuestros corazones que poco a poco van encendiendo la pasión hacia nuestra semana santa, aflora en nuestra mente viejos recuerdos que son añoranzas de tiempos pasados con amigos de la infancia que de forma definitiva nos dijeron a Dios, o mejor dicho, hasta luego. Amigo que compartió la misma cuadrilla, la Séptima, pero que irracionalmente hasta hace no mucho tiempo, no apareció como judío de la misma.
Como prueba irrefutable de que Mariano Valverde Luque perteneció a la séptima cuadrilla, es la fotografía que envío donde se le ve el primero de la fila de nuestra izquierda, detrás de él aparece Salvador Rivas, delante un trozo de tambor que es el mío que por dar unos pasos no salí en la foto. Puede observarse al cuadrillero, Juan Antonio, muy joven, vistiendo chaleco de tela debajo de la chaqueta de judío, se aprecia, igualmente, a sus hijos bastantes niños todavía.

Mariano, como otros judíos de nuestra cuadrilla, no aparece inscrito en el libro de actas hasta fecha reciente que presenté una propuesta para que se reconociese como judío, que fue, de la séptima. Me consta, por las muchas veces que me lo dijo, que entró en la cuadrilla como aspirante de la mano de su tío Pedro Luque Triguero y estando de cuadrillero José Barba García. Comprobado el ingreso de Pedro, podemos afirmar, sin error alguno, que se produjo el año 1.957.
La mayoría de edad estaba establecida, entonces, a los veintiún años pero existía la costumbre, al menos en nuestra cuadrilla, de no dar de alta como judío con “plenitud de derechos” hasta que no viniese licenciado del obligatorio servicio militar, es decir, a los veintidós o veintitrés años. Pero en la práctica, muchos, nunca fueron registrados ni como aspirantes ni como judíos, otros, en los que me incluyo, no constamos como aspirantes, me apunté a la edad de dieciocho años en 1.962, apareciendo como judío con “todos mis derechos” en 1.966 a los veintidós años. Todo, dada la picaresca existente en aquellos años de declarar menos judíos de los que realmente se tenía para ahorrarse el pago a la Cofradía de un cierto número de limosnas. No crean que esta picaresca fue una constante en la historia de nuestra cofradía. Antes, hasta la misma guerra civil, todos los cuadrilleros estaban obligados a llevar un talonario llamado Talonario de Limosnas de Procesión que deberían presentar al mayordomo de la Cofradía para que éste tuviera un control riguroso de los hermanos que pagaban y no pagaban la limosna. Figuraban en dichos talonarios dos clases de recibos con sus correspondientes matrices, uno del día de Jesús y otro del viernes santo, según acuerdo del cabildo de 14 de abril de 1907.
En aquellos tiempos vivíamos nuestra vocación de judío con suprema intensidad, cada uno se convertía en artesano de sus parches y cola. Nuestra preocupación consistía en conseguir buenos “pellejos” de chivo para abajo y pieles completas de cabra para sacar tres o quizá mas parches de arriba. Con frecuencia visitábamos a los cabreros de Baena, sobre todo a nuestro común amigo José Pulido que vivía donde actualmente está la farmacia que perteneció a Julio Garrido, en una gran casa que hacía esquina, metiéndose hasta lo que entonces era la Era Mantecas. Teníamos cierta obsesión por conseguir pellejos de galgo que decían que eran extraordinarios como parches de abajo, pero nunca tuvimos uno. Las pieles, una vez que habían pasado el tiempo correspondiente en agua de cal, las arreglábamos a veces en el patio de mi casa, otras en la de Mariano y la gran mayoría en la tenería que su tío Pedro Luque - judío como hemos dicho de la séptima - tenía cerca de Pedro Muñoz. Recuerdo que Pedro trajo durante unos años pieles de venado, era algo nuevo y había que probarlas. La doble finalidad perseguida era conseguir parches de arriba muy resistentes que admitieran muchos palos y, por otra parte, que el tambor sonara fino. Los parches de venado cumplían esa primera finalidad a la perfección, no había manera de romperlos pero el tambor sonaba como una tabla, mal, muy mal. Yo tenía mi tambor pero sacaba con frecuencia el de Pepe López- primo hermano de mi madre y cuyos hijos están los dos en nuestra cuadrilla- que sonaba de maravillas, aprovechando que Pepe se encontraba por entonces delicado del estómago y no salía. ¿Se podía tocar el tambor sin probar una copa de vino? Me preguntaba él, respondiéndole yo: ni se te ocurra. A Pepe dada la mala racha que estaba pasando las tenía totalmente prohibidas por el médico. Su tambor, creo que un cuarenta y uno, era un tambor grande que había que echar un par de cigotos para apretarlo, pero dos casa más arriba de donde yo vivía estaba la zapatería de Antonio Roldán cuyo hijo Germán, gran amigo nuestro, de Mariano y mío, era el hombre más forzudo de Baena y con una sola pasada dejaba el tambor como un clarinete, única manera de hacerle competencia al magnifico treinta y ocho en aquellos tiempos propiedad de Mariano y hoy de mi pertenencia. Nada de prensas, la aplicación de esta máquina al tambor fue bastante más tardía.
Mariano era un manita, si alguien no tenía plumero allá que él de momento le hacía uno con unos cordones de colores que entonces vendían, parecía más una fregona que plumero pero eso no importaba porque lo importante era salir. En aquellos tiempos el judío no iba tan pincho como ahora, no importaba que la chaqueta le estuviese grande o chica, que los pantalones fuesen negros o de otro color, el casco de metal dorado o de latón blanco, lo realmente importante, reitero, era salir.
Valerio, cabrero, hombre bonachón, de muy buen carácter y gran amigo de la familia de Mariano, tenía una yegua de color castaño de larga y tupida cola negra que se metía por nuestros ojos, vivía Valerio por la calle Herrador en un callejón sin salida y allí nos presentamos los dos, Mariano y yo, rogándole nos sacara, al menos, un liñuelo de esa hermosa cola. Valerio con extraordinaria paciencia procedió a arrancar cerda a cerda del rabo del manso animal, que padeció sin expresar relincho alguno la sufrida depilación, hasta formar un buen manojo que inmediatamente lo transformamos en el desván de mi casa en un largo liñuelo, no como esos de hoy que parecen servidos a la carta, ¿cómo lo quieres de largos? ¿De 1,20- 1,40 – 1,45? ¡Qué caballos tan altos se crían en la actualidad! No, según me informan, son colas procedentes de caballos extranjeros, creo que chinos, que les dejan crecer las cerdas hasta el infinito, cuando están próximas al suelo las doblan, se las envuelven dirigiéndolas hacia arriba, esta es la historia que me han contado.
Llegada la cuaresma teníamos los tambores listos, no porque, como hoy, se tocara todos los viernes. En los misereres, al principio, iban un solo redoblante y dos acompañantes, a continuación los cuadrilleros y los miembros de la Junta Directiva, posteriormente estuvieron suprimidos durante varios años, pero se tocaba el tambor, ¿cómo? pues por la noches nos juntábamos normalmente en la zapatería de Roldán y desde allí tocando el tambor recorríamos más o menos el siguiente itinerario: Barrizal, carretera de Córdoba, callejón de Pedro Reyes para llegar al lagar, dábamos la vuelta al parque hasta llegar el Llano y desde allí cada uno se iba a su casa.
Por la semana santa desbordaba, Mariano, toda su pasión por el tambor, era incansable, invencible, a todos nos echaba a la cama. Normalmente, el miércoles santo, salíamos de su casa, no faltando nunca a la cita su tío Pedro, Salvador Rivas y yo. A excepción de Salvador que no llevaba ningún número, todos lucíamos el número de nuestra cuadrilla en la solapa de la chaqueta, nosotros el siete bordados, los tres, por las monjas de Madre de Dios. Salvador venía con nosotros, salía en las filas de la séptima pero no se apuntó a ella, creo que nunca perteneció a cuadrilla alguna. Pedro, en la primera taberna se apalancaba convirtiéndose, a partir de ese momento, en hombre invisible, ya no se le veía durante toda la semana santa. Salvador se presentaba con todo a punto, pero a la hora de salir, siempre, le surgía un imprevisto; no sé cómo se apañaba. El mismo año del fatal accidente que le costó la vida, recuerdo que entró en casa de Mariano, con una sonrisa de oreja a oreja y con una expresión en su cara, ¡tan alegre! que ella por sí sola nos estaba diciendo: mi tambor suena a música celestial. Lo dejó encima de una silla mientras nos deleitábamos con una taza de buen café hecho por Isabelita, la madre de Mariano, cuando lo cogió, el parche de abajo se había roto él solito.
Las circunstancias hicieron que la familia de Mariano al completo emigrara a Barcelona, regresó a su querida Andalucía, a Málaga donde fue destinado, volvió a tocar el tambor, esta vez, en la cuadrilla tercera de la que era cuadrillero Agustín Fuentes, marido de su prima hermana en cuya casa paraba cuando venía a Baena, pero lo tocó por poco tiempo, una terrible enfermedad acabó con su vida. Murió creyendo que fue judío de la séptima cuadrilla e ignorando que nunca oficialmente perteneció a ella.
Quiero que este artículo sirva para recordar a tres amigos, grandes judíos, que pasaron los mejores momentos de su vida en nuestra cuadrilla y uno de ellos, Mariano, hasta hace muy poco tiempo no ha sido reconocido como judío de la séptima, a pesar de tener al corriente todos los años sus cuotas correspondientes e incluso estando en Barcelona que yo, tesorero de la cuadrilla en aquellos tiempos, se las pagaba. Sirva, también, para recordar el derecho y obligación de conocer la realidad histórica de nuestra cofradía, hermandad y cuadrilla y no perdernos en las leyendas que de ellas circulan.


JOSÉ CORTÉS DE LOS RÍOS

24 de marzo de 2010

Soy judío, de Francisco Tovar Ortiz

El pasado 21 de marzo de 2010 Francisco Tovar Ortiz, amigo, vecino de cuartel y judío de la quinta nos obsequió con un fabuloso pregón. Tanto en la revista Cabildo como en la web semanasantabaena.com podeís disfrutar con su lectura. Por considerarlo de interés traigo a nuestra página parte de su pregón dedicada al judío.



"... Al amanecer del miércoles se produce en Baena una de sus más singulares metamorfosis. Los primeros rayos del día se multiplican al rebotar en el metal dorado de los cascos de los judíos. El cielo parece temblar al sonido altivo de sus tambores. Se apagan las luces de la noche y comienza en Baena el ritual de “echar las cajas”, que no es otra cosa sino que salir a la calle a proclamar lo que ya llega, con la mejor de las plumas que tiene todo judío baenense, con su tambor.

SOY JUDIO

Sería allá por el año 1978 cuando por primera vez tuve un contacto directo con mi hermandad, la Quinta cuadrilla de Judíos Colinegros. Por aquel entonces nada me hacía presagiar mi amor por
nuestra semana santa.
Nunca pude calcular hasta donde se puede llegar a sentir todo aquello que envuelve a mi cuadrilla. La Quinta, como tantas veces oí decir no solo a mis cuadrilleros, sino a tantas personas que con orgullo, que a veces rozaba la presunción, compartieron conmigo en tantas y tantas asambleas, misereres y cuarteles de semana santa, todo un espíritu que manaba de tiempos de D. José Gan, primer cuadrillero de nuestra etapa y que dio un gran impulso a los oficios y
tradiciones del judío moderno.
El judío, figura singular cantada de tantas maneras y con tantos ángulos por describir y que se ha convertido en estandarte de nuestra semana santa.No seré yo quien describa el discurrir, a veces anárquico, a veces orgulloso y en todas las ocasiones de sentido apego al número que señala su cuadrilla. Esta descripción ya se viene haciendo, y con buen criterio por la Primera Cuadrilla de Judíos Colinegros, en lo que viene siendo el Pregón del Judío.
Tampoco quiero hacer especulaciones a cerca del nacimiento de esta figura singular de Baena. Doctores tiene la Iglesia.. lo cierto es que aquí estamos desde hace ya bastantes años La dualidad Coliblancos-Colinegros y viceversa también ha hecho correr ríos de tinta y acaloradas discusiones, que en la mayoría de los casos ha terminado con una copa de vino y un recuerdo de tantos y tantos años tocando ese instrumento musical que lejos de apalearlo acariciamos desde el momento en que lo montamos cada año hasta que lo ponemos “cifrao”, con o sin reventona, a gusto decada uno.
Por eso lo que sí que quiero proclamar a los cuatro vientos es que soy judío.
Judío de la cabeza a los piés.
Mi plumero morao, da color a tantas imágenes como tengoalmacenadas en mi memoria. Morao es el vibrar de mi plumerocuando vigila desde el varal el rostro herido de mi Nazareno, mañana de Viernes Santo.
Forjada con cincel artesano y sensibilidad de artista, mi celada es mi prisión. Mi rostro encarcelado ante la presencia real del Cuerpo Divino, tarde de Jueves Santo, me recuerda que debo romper las rejas de lo material, vivir junto a El y recorrer su camino de salvación.
Por el dolor del que ha muerto, mi cola es negra. Ella me recuerda nuestro pecado, trenzando en eternos liñuelos el amor al Padre, y la pena de su Madre.
Chaqueta roja bordada por manos delicadas, me recuerda el sacrificio que sufrió el enviado divino. Tanto nos quiso Dios que nos envió a su hijo, haciéndolo sufrir hasta la muerte, sin otro propósito que mostrarnos que en su Cruz fuimos perdonados. Su roja sangre quedó para siempre impresa en nosotros.
Bordado sobre fondo morao y con hilo de oro, manos piadosas derramaron un Cinco. La quinta es mi cuadrilla, la que tanto quiero y tanto respeto.
Prendido de mi garganta mil colores me hacen presumir de la elección que hoy ha hecho alguien que ama tanto como yo a los judíos. Mi pañuelo es su legado y mis toques la acompañan.
Baquetas, de encina catalana, son mi motor. Ellas transmiten mis emociones. Pronto comenzaran a tocar a sufrimiento y luto, pero llegara el momento en que aparecerá el redoble claro y luminoso. Entonces serán campanas de gloria a Jesús Resucitado Y para el final he dejado, a conciencia, mi tambor. El es mi voz.
Mi timbre, mi identidad. Sin él sobra todo lo anterior. Cuantos tratados se habrán escrito y contado sobre la manera de hacerlo sonar: templado y rajando por arriba y por abajo. Con parche de plástico o chivo abajo y lomo o nalga arriba. Con la vuelta cordel, esperando darle unos palos para echarle la reventona. Son tantos los cuidados que requiere que cuando más bueno está, es
cuando……..cuando mejor suena.

En fin, como dije antes,

Soy judío de los pies a la cabeza
plumero que mece el viento
mañana de Viernes Santo
sobre dorado metal, mi cola es negra.
De la fuente de la Quinta bebo
Mi pecho ensancha cuando te nombran
Recuerdos de Gan me acompañan
Pregón de la Semana Santa de Baena

Y me transportan al Cielo
Chaqueta, pañuelo, baquetas..
estas son mis compañeras
cuando ese miércoles santo
por Baena, tus calles besan.
Mi tambor,
Mi tambor toca en deuda con el Amor
Amor divino enviado
Amor tras orar, Prendido
Amor que fuiste Humillado
Amor que al Calvario sube
Amor que en la Cruz expira
Amor que en Sepulcro yace
Amor que a su Madre entregó
Amor, roto y desconsolado
Amor que traerá la Luz
Amor que ha Resucitado.

27 de mayo de 2008

Ser judío

En 2008 Julio Garrido pregonó nuestra Semana Santa. Queremos traer a esta sección parte de su pregón cuando hace alusión al judío....




...Me maravilla vivir como el judío está presente durante toda ella, que sea el eje conductor de toda ella, que esté en todos los momentos, adquiriendo ésta una dimensión totalmente diferente y nueva. Y me resulta una sensación rara, satisfactoria y gratificante.
Ser solamente judío me hace sentirme en plenitud, tener una sensación de libertad que es algo nuevo para mí.La madrugada del Miércoles Santo encarna toda la magia de la Semana Santa, echar las cajas es la espera más anhelada. Se ha tocado en los misereres, los tambores se han ido preparando, la cola se ha destrenzado, todo limpio, pulcro. Se duerme poco, porque siempre nos coge la madrugada recién acostados.
El ambiente tiene algo que no se puede explicar, sencillamente hay que vestirse de judío y dejarse hacer, y que el tambor te lleve y te traiga, para dejarse arrebatar por la esencia mágica de su sonido, recorriendo nuestras calles sin fin, con parsimonia, como no queriendo llegar a nuestro destino, para seguir hablando a solas con nuestro tambor y nuestro yo.
¿Os habéis dado cuenta de lo solitario que es el judío cuando toca el tambor?, y sin embargo el judío no va nunca solo, salvo en raras ocasiones, porque al judío le gusta compartir. A pesar de ello, cuando va haciendo sonar su tambor, va a solas. Bueno, pensándolo bien, no, porque el tambor cobra vida en sus manos, le habla, le estimula, le enardece.
Y en ocasiones le hace estallar el corazón en una multitud de sentimientos como solo él sabe hacerlo. El judío, así, no necesita a nadie, solo a él, en un mundo donde sólo existen ellos dos, cuando el tiempo y el espacio se han parado, sencillamente, han dejado de existir.
Pero el judío no puede vivir todo esto en soledad y entonces necesita de los otros, para poder compartir cuanto vive y siente. No puede quedarse con algo que le rebosa, y el judío se abre de par en par, necesita dejar el tambor y, mientras saborea una copa, se desahoga hablando y recordando historias, detalles que se pueden contar miles de veces, y que, no se sabe porqué, siempre tienen el sabor de lo nuevo....

26 de mayo de 2007

Oda a la Torres del Sol

Baena se caracteriza por tener bellos rincones en su casco antiguo. Raro es el judío que el Miércoles Santo no se da un paseo con sus amigos "echando las Cajas" por la Almedina. Son lugares llenos de historia, embrujo y encanto. En el año 2000 fuimos a la Torre del Sol y mi buen amigo y judío Manuel de Hita Fernández compuso esta entrañable y sentida Oda a la Torre del Sol



Cantar de cantares, envuelto de aromas tales, a enebro y ajonjolí, tu cuesta subí y con el sol despuntando, en mis ojos brillando, contemplé, vi y sentí uno de los más seductores amaneceres.

Seducidos por su color, rayos limpios de sol, envuelto por el manto aterciopelado, sedoso del canto a la amistad apenas esbozado entre trago...y trago.
Quién aquello vivió en la milenaria Torre del Sol con la luminosidad del alba, con el frío sudor, el esfuerzo sintió; rumores en el Llano, poesía en el Altozano, un cántico a la amistad surgió y se elevó al amanecer el sol.

¡Oh Torre del Sol¡, mil batallas contemplaste, mil historias de sangre y furor, de temor y muerte; escucha hoy nuestro cántico a la unión entre los hombres y haz que se eleve a la bóveda celeste para que conste que también viviste días de regocijo ante tu amurallada y nobles piedras que aún lloran por la pérdida de quien siendo fuerte no supo defenderte del odio de otra gente.

¡Oh Muralla aterrada!, en tu despolio ultrajada, nos dejaste una torre amurallada para que sirviera de morada al cántico a la amistad, al susurro silencioso que expresa la verdad del momento gozoso.

Escucha este mi cántico y recuerda en tu llanto que hombres hubo que en tus piedras hicieron, no lo dudo, crecer cual la hiedra enraizada en tu muralla el sentimiento de la añoranza por quien cegado en la batalla clamó al cielo venganza.

Más hoy, sé misericordiosa con los que aquí estamos, con los que de ti nos acordamos, alejados del vil ruido del Llano y enraizados en tu alma pedregosa por los años, te añoramos.

¡Oh , Amada mía!, fuerte como la roca, no permitas que esta mi boca calle sin decirte que mi dicha se agota pues no quiere despedirte sin llorarte y cantarte esta loada poesía:

¡Cuán! resuenan tristes los tambores
bajando de tu Iglesia
conventual,
al Llano que no a la Caña
donde perecen y
enmudecen sus sones
ata que con las Cajas
en tus nuevos albores
vengamos a agasajar
recordar y venerar
tus piedras una vez más

18 de mayo de 2007

Cuentecillo de Semana Santa

(Publicado en la Revista Cabildo en 2005)


Manuel era judío de toda la vida. Pertenecía también a una hermandad de las llamadas de tambores roncos. Vivir y sentir la Semana Santa de Baena era toda su pasión. Como buen semanansantero a Manuel le gustaba cumplir con su hermandad y con su cuadrilla de judíos. Asistía a las juntas, participaba con mucho entusiasmo e ilusión en los actos oficiales, en resumen, era un cofrade modelo, una persona buena, amigo de sus amigos y defendía su Semana Santa en cualquier lugar. Era una frase típica suya la de decir: “Si algún año, Dios no lo quiera, no me puedo colgar mi tambor ronco o vestirme de judío creo que me daría algo”.

Así pues, año tras año Manuel cumplía con el rito: Los Misereres, echar las Cajas, las procesiones, el Desfile de las Estaciones... Recordaba cuando era niño: el olor a cal y añil, a pan con aceite, como apretaba los tambores y preparaba los demás arreos su padre; como su madre planchaba las camisas y túnicas dejándolas impecables con un olor que él definía de primavera.

También recordaba a su hermana Pilar, hoy en Barcelona a causa de la emigración, que ayudaba a su madre a hacer pestiños y magdalenas, y también recordaba con cierto aire de tristeza la carilla que le quedaba a su hermana cuando veía a Manuel y a su padre salir uniformados de su casa para asistir a la procesión. En más de una ocasión Pilar le había comentado a él que le gustaría ir con ellos tocar el tambor ronco y vestirse de judío. Cuando Manuel tenía 10 años y Pilar 8, le preguntó a su padre que por qué Pilar no podía ir con ellos, que le hacía mucha ilusión a lo que le contestó, un tanto perplejo por la pregunta, que el papel de la mujer en la Semana Santa era el que era y que tocar el tambor y procesionar cono penitente estaba reservado solo para los hombres...

...Cuando nació su hijo la alegría de Manuel fue inmensa. Lo llamaron Juan en recuerdo a la memoria de su padre. Desde su más tierna infancia, al igual que su padre había hecho con él, el niño fue aprendiendo de su padre a amar y querer sus tradiciones. A los tres años desfiló por primera vez con él. El gozo y satisfacción de Manuel eran inmensos ya que veía en su hijo la continuación de él.

Quiso Dios concederle otro descendiente a la que llamaron María como su mujer. El tiempo pasaba felizmente para la familia. Cada Semana Santa Juan marchaba con su padre y María y su madre los despedían a la puerta de la casa y se saludaban cuando los veían desfilar.

Tendría María 5 añitos cuando le comentó a su padre que ella quería también tocar el tambor y con un aire tierno le dijo que por qué Juan podría hacerlo y ella no. Como si de una máquina del tiempo se tratase, la mente de Manuel voló a su infancia y a la respuesta que su padre le había dado a su hermana y en su propia hija vio la carita de Pilar y la profunda tristeza con que quedó. “No te preocupes –le dijo- si a tu te gusta el año que viene tocarás el tambor con nosotros”.

Manuel lo comentó con su mujer y ésta veía lógico que la niña quisiese ir con su padre y su hermano. Así, Manuel inscribió a la niña en su Cuadrilla de judíos que, afortunadamente años atrás, había superado la polémica “crisis” de que el tambor es solo cosa de hombres.

“Mira hija, -decía- esté será tu tambor y este tu casco y tu cola. A la chaqueta habrá que remeterle por las mangas...”. No había acabado de hablar cuando María se abalanzó al cuello de su padre y le dio un cariñoso beso al tiempo que le decía: “Papá, vestirme de judío me gusta, pero más me gusta tocar el tambor ronco” y gritando de alegría fue a contarle a su madre que este año acompañaría a su padre y su hermano a tocar el tambor.

A la noche, cuando lo niños dormían, Manuel comento con su mujer lo que le había dicho la pequeña María y decidió inscribirla también en la Hermandad de tambor ronco que tanto el quería. Dentro de dos semanas sería la Junta de la Hermandad y allí era el momento de presentar su alta.

En época de Cuaresma, después del trabajo, era frecuente que Manuel quedase con los amigos en un bar donde el tema central de la tertulia era los preparativos de la Semana Santa, los recuerdos de la infancia, anécdotas y sucesos y los miles de momentos vividos tan emotivos. Quiso Manuel hacer partícipes a sus amigos de su decisión de inscribir a su hija en la Hermandad. Tras un primer momento de extrañeza hubo comentarios para todos los gustos: “... En esta hermandad nunca han salido una mujer...”, “... Tu lo que quieres es cargarte la tradición y la hermandad...”, “... conociendo al personal seguro que si la presentas no sale como hermana...”, “... ¿mujeres en nuestra hermandad...? ¡nunca!...”, “Es un desafío para la hermandad...”

El día de la Asamblea de la hermandad era en Domingo. Manuel se había despertado a las ocho por unos ruidos que oyó en el trastero. Se calzó las zapatillas y, en pijama, subió al cuarto de los trastos, entreabrió la puerta y allí estaban sus dos hijos. Juan subido en una silla alcanzó a coger de un estante los tambores roncos y las baquetas, María buscaba por un baúl las túnicas y capirotes. Tras ponerse el tahalí y el capirote, Juan con el tambor de su padre y María con el de su hermano, comenzaron a batir las baquetas muy flojito haciendo el toque de la hermandad. “Vamos a despertar a papá y mamá”- dijo con un susurro Juan a María. Al oírlo Manuel, con mucho sigilo marchó al dormitorio. Llegaron los niños a la puerta y comenzaron a tocar el tambor. La mujer de Manuel se despertó sobresaltada y Manuel, con una sonrisa le decía: "Mira María..., ya viene el Miserere.

A las 12 de la mañana era la reunión. Al llegar al quinto punto del orden del día, Altas y Bajas, había tan solo tres aspirantes que, en teoría, no necesitarían votación. Entrarían a formar parte de la hermandad por ser hijos de hermanos. Uno de estos aspirantes era María, la hija de Manuel y los otros dos chicos de la misma edad que ella.

Sin percibirlo, la Asamblea se convirtió en un amplio y polémico debate sobre si una mujer podía o no pertenecer a la hermandad, que era el primer caso que se daba, que iba en contra de la tradición, que muchos de los cofrades tenían hijas de la misma edad y que no se le había ocurrido presentarlas como hermanas... En un momento de la discusión Manuel, que callaba, pidió la palabra a la mesa presidencial y dijo: “Mi hija tiene tanto derecho a salir de esta hermandad como en su día lo tuvo mi hijo, al que por cierto no se le puso ningún repara por el hecho de ser varón. ¿Quién es capaz de quitarle la ilusión a una niña de cinco años?, porque, por supuesto, no voy a ser yo...

FINAL 1: La Asamblea decidió por unanimidad aceptar a María como hermana y así romper con una “tradición” marcada por la discriminación hacia la mujer. Se brindó y celebró por la sabia decisión adoptada.

FINAL 2: Manuel, con todo el dolor de su corazón, pidió la baja como hermano porque, incomprensiblemente, los dos chicos fueron votados favorablemente y su hija no.

(Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia)

Juan Carlos Flores